Ocaso.
Me gusta pasear por la ribera
frondosa del recuerdo de tus besos,
y volver a sentir la verdadera
sensación de plenitud.¡ Hoy tan lejos ¡.
El paisaje lo conforma el mismo río
por el que pasar el tiempo no parece,
pero ¡ ay !, es otoño y hace frío
en el corazón del hombre que envejece.
Con ojos de pretérito pasado
te anhelo en el futuro que nos queda
y te invoco a un presente deseado
donde lo que tenga que suceder , suceda
al calor de este río y su ribera
floreciente de eterna primavera.
Falsas apariencias.
A veces cuando llueve en la ciudad,
el guerrero hace alto en la batalla
y es la lluvia con lánguida ansiedad
la que hiere el corazón como metralla.
A veces cuando llueve en la ciudad,
el universo en lágrimas estalla,
y es la lluvia disfrazada de piedad
la que al ímpetu adormece y calla.
A veces cuando llueve en la ciudad,
el asfalto nos recuerda las ausencias.
donde bajo, negros paraguas sin edad
resbalan persistentes las carencias.
A veces cuando llueve soledad
se constipan las falsas apariencias.
Eran otros tiempos.
Tal vez nunca te dije te quiero,
eran malos tiempos para la rosa,
la palabra entre ruda y temerosa
no era un don de corazón sincero.
Pero si , la llevaba siempre dentro,
y cada vez que la vida te alejaba,
en el viento la vertía y dibujaba
con el rubor del primer encuentro.
Ahora que la edad ha apaciguado
mi alma. Te quiero en cada beso
y cada despertar al día. Te quiero.
pues como ayer sigo enamorado
de ti. Y te siente en cada verso
este corazón, que ya es sincero.